No son personajes ajenos que han llegado a su ocaso, eternos sufrientes en estado de decrepitud, sino tan reconocibles como nosotros mismos, de ahí su indumentaria.
Al igual que la figura de la muerte, tampoco es un personaje de ficción, aderezado con toques tenebristas. Es tan tangible como seductora. |
El espacio escénico mantiene los mismos elementos poéticos, no carentes de simbología, de su propuesta inicial.
Espacio claustrofóbico, como un pasillo interminable desprovisto de luz natural. Camastros de tablones de madera y “sábana” violentamente inclinados. Escaleras que se cortan y sólo llegan hasta el “lecho”. Estructuras caóticas, sólidas y livianas a un tiempo, provistas de ruedas que anuncian el tránsito. |