LA OBRA

Tras siglos de aletargamiento, el arte de la escultura recibe, de manos de Rodin, un nuevo esplendor.  Asumiendo directamente la herencia del Cinquecento italiano, Rodin no sólo logra captar el mensaje artístico de Miguel Ángel, sino que también es capaz de transmitirlo a las generaciones futuras.

La Puerta del Infierno, Rodin pretende ser una propuesta innovadora, que avance o culmine el camino iniciado con Pablo Gargallo, un Grito en el Desierto, donde de nuevo el color y la dimensión de la palabra a través de la voz del texto se funde con la naturaleza y fuerza expresiva del cuerpo del hombre y la mujer, convirtiéndose en espejo sonoro del inconsciente, del pensamiento más profundo, de la contradicción, la pasión, la sexualidad, del dolor, … del grito.

la puerta del infierno. Rodin

 

Rodin introdujo un elemento completamente nuevo, la discrepancia entre la pasión y la confusión de los sentimientos, reflejo fiel de la vida interior del autor.  Al igual que en Shakespeare, el conflicto interior (la psicología humana) subyace trascendiendo finalmente una obra que parece estar viva, que parece hablar, gemir, gozar, sufrir…

El concepto de la obra teatral, sigue el principio de la obra escultórica.  Primeramente, se trata de plasmar un eco infernal a la Puerta del Paraíso de Ghiberti.  Si una es el orden perfecto, ésta  representa  el  caos  absoluto,  en  su dimensión más amplia, tanto de forma como de fondo.  Y en segundo lugar está inspirada fundamentalmente en dos obras: La Divina Comedia de Dante y Las Flores del Mal de Baudelaire.  Rodin llegaría a decir que “Dante no es sólo un visionario y un poeta, sino también un escultor”.  La verdad es que tanto Dante como Rodin tuvieron una vida no exenta de problemas y conflictos actuando ambos con absoluta integridad.

Paolo y Francesca, Ugolino y otros personajes condenados proceden directamente de la obra dantesca.  El Pensador representa el propio artista, de tal manera que creador y obra coexisten.  Pronto traspasa Rodin los límites del programa prefijado e introduce personajes bajo la influencia de Baudelaire, su intención declarada es crear un fresco completo de las pasiones y los sentimientos humanos.  Esta magna obra constituirá el repertorio de formas del que Rodin extraerá toda una serie de figuras y grupos de figuras, todas perfectamente “individualizadas” y capaces de existir por su cuenta.

 

la puerta del infierno. Rodin

Nuevamente ha sido un escritor aragonés, José Luis Esteban Benedicto, el que ha dado vida a las esculturas convirtiéndolas en personajes de carne y hueso en la obra escrita a tal efecto. José Luis formó parte de las labores de documentación previas que nos llevaron a hacer una selección de obras escultóricas de Rodin que nos interesaban.

A esta propuesta se añade un elemento más a la fuente de inspiración, la propia de Rodin, de la que partimos (el Infierno de Dante y el mundo sensual de Las Flores del Mal de Baudelaire): el infierno particular del escultor proyectado tanto en sus esculturas, como en aquellos que influyeron decisivamente en su vida.  Esculturas y personajes reales se confunden en un mismo universo, para concretarse finalmente en el caos de La Puerta del Infierno.

Sin ser un espectáculo autobiogáfico, la apasionada y conflictiva vida de Rodin dota a su obra de una clara complicidad vital donde emerge su inagotable capacidad creativa e innovadora.

la puerta del infierno. Rodin

 

Una obra cargada de simbología (“deseo unir otra vez el pasado al presente, renovar el recuerdo, pasar juicio sobre él y, finalmente, transformarlo en una imagen completa.  Los hombres se guían por símbolos.  Es cosa muy distinta que las mentiras”), donde La Puerta del Infierno sugiere infinidad de connotaciones en las cuales el “creador real”, “el pensador” también está presente. 

Es la exaltación del hombre, de la verdad sin concesiones, donde su universo interior se manifiesta y revela.